ESCALOFRÍOS Y DESAZONES
No sé si ustedes vieron el programa «Callejeros» del canal de televisión CUATRO de ayer por la noche día 8 de febrero. Un servidor de ustedes sí lo vio. Todavía me tiemblan las piernas, y siento por todo mi cuerpo unos temblorosos escalofríos y unas desazones, que no me han dejado dormir tranquilo esta pasada noche. En el programa se han podido ver unas tristes y escalofriantes imágenes, de personas que malviven en viviendas del todo insalubres. Barrios marginales de un pueblo, Alcorcón, muy cerca de Madrid: afueras de Badalona; barrio del Raval de Barcelona... y otros de Andalucía que enseñaron la semana pasada... etc.
Viviendas (perdonen que diga viviendas, pero es que no me sale el escribir la palabra que mejor daría a entender lo que son, para no ofender a nadie) en las cuales, además de ser de unas reducidísimas dimensiones, carecen de los más elementales servicios básicos para poder vivir dignamente. Muchas no tienen agua corriente. El agua les es servida a los inquilinos a través de depósitos a los que no siempre llega el líquido elemento. Las humedades son constantes por todos los rincones de la casa. Las precarias instalaciones, quienes las tienen, de agua y electricidad, están hechas de cualquier manera y aguantan de milagro, con todo el peligro que esto conlleva. La suciedad y la porquería son las reinas de la casa. Hay muchos pisos, porque la mayoría son pisos, en los cuales a veces introducen veinticinco o treinta personas. Lo hacen así porque dicen que es la única manera de poder pagar el elevado coste del alquiler, que oscila, en el caso de Barcelona y Badalona, entre los 400 y 700 euros, o más. ¿Se imaginan ustedes pagar estas desorbitadas cantidades por diecisiete o veinte metros cuadrados, y malvivir como quien dice agolpados unos encima de otros? ¿Cómo puede haber con estas condiciones un mínimo de higiene y de intimidad? ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI las autoridades municipales, e incluso las autonómicas, permitan que tanta gente malviva en estas condiciones? ¿No sería posible erradicar tanta miseria? ¿A quien le está bien que tantas personas se encuentren en estas tristes y lamentables condiciones de habitabilidad?
El día 9 de marzo habrá elecciones. Días antes, en los actos de campaña electoral, todos los candidatos habrán hecho mil y una promesas, entre ellas la de la vivienda. Pero cuando pasen un par de meses tras los comicios, ningún de ellos se acordará de las promesas que hizo en cuanto a las viviendas dignas (ni tampoco de las otras promesas...) para todo el mundo, y a unos precios asequibles a todos los bolsillos. A unos cuántos se los debería caer la cara de vergüenza, por permitir estas desigualdades que sufren un numeroso colectivo de personas.
¿Servirá de algo que la Ministra de la Vivienda, la señora Carme Chacón, haga rehabilitar la casa natal de Salvador Dalí? Más valdría que el mucho dinero que se habrá de desembolsar para empezar y llevar a término estas obras, que deben ser muy costosas, fueran a parar a la construcción de viviendas para personas que verdaderamente lo necesiten. Con todos los respetos que se merece, el señor Salvador Dalí ya no necesita para nada su casa y, en honor a su memoria, lo podemos seguir recordando en la Casa Museo de Figueres (Girona).
3 comentarios
Gustau Presseguer i Oliva -
josep -
Realment es una llástima, moralment queda clar que tots tenim de viure dignament.... mes com fer-ho en justicia i com afrontar el cost....??
Salut...!!!!
Galderic -